lunes, 18 de mayo de 2009

Una cámara ahí

Entrevista a Bernardo Cappa por Ana Durán

Bernardo Cappa es actor, autor y director. Por qué un día empezó a analizar los códigos de actuación de los reality shows y su descubrimiento acerca de su y de nuestra paranoia, son los temas de esta nota. Y ojo… que nos están observando.

¿Cómo llegaste a la conclusión de que existe un registro de actuación en los reality shows y en qué consistiría?
Cuando empecé con todo esto, el único reality que había visto era El Bar. Me interesaba esto de mostrar todo el tiempo a alguien que duerme o come, y después me daba curiosidad esa situación de actuación que es difícil (para quienes trabajaron la primera etapa de Stanislavsky, por ejemplo) y puse a un grupo a trabajar la hipótesis de estar en un reality show. La obra nunca se hizo, pero la idea era que había un edificio y sus habitantes hacían algo como un reality show interno y el que ganaba no pagaba las expensas durante un año. Lo que más me interesaba era el tema de la mirada; de que alguien esté constantemente mirado y de buscar en la actuación un estado como de paranoia permanente (digo, exagerando los términos). Se trataba más bien de crear la conciencia de estar observado constantemente y eso influye en cada movimiento que hago. Entonces, cualquier gesto cotidiano es para generar una empatía con el espectador. También era curioso esto de que el más “natural” era el que ganaba algo, pero a la vez tiene la necesidad imperiosa de estar todo el tiempo transmitiendo signos para alguien.

¿El que ganaba no era el que generaba conflictos?
El que más votaba la gente, en teoría. Pero ahí estamos hablando de algo ya desvirtuado por el rating y las necesidades de los productores. A mí me interesaban el disimulo y el esfuerzo de ese disimular que no me están observando. Y creo que tuvo tanto éxito el reality show porque hay algo de eso en el común de la gente. O sea que todo el mundo, todo el tiempo se siente observado, de alguna manera. En la intimidad nadie hace nada raro porque teme que lo estén observando y cuando alguien se esconde, en realidad se esconde de sí mismo. Siempre hay una mirada. Yo siento que a partir de la aparición de las cámaras de televisión en la vida cotidiana de la gente (no de la tele, sino de las cámaras en la calle), todo el mundo siente que se tiene que esconder de algo y también a todo el mundo le gustaría ver la realidad como si estuviéramos sumergidos en un fenómeno gigante de irrealidad. ¿Y cuál será la realidad? Sin embargo es llamativa la necesidad de la gente de ver la realidad, cosa imposible porque todo el mundo está actuando. Porque en cuanto el otro sabe que lo estoy mirando, se pone a actuar, y no hay forma de revertir eso. Y de todas maneras cuando miro a alguien en su intimidad, esa intimidad tampoco me revela nada de esa persona: no estoy viéndolo en su estado “natural”, en su “realidad”, porque también esa persona está actuando. Es como si todos estuviéramos permanentemente en un estado de híiperactuación. Constantemente alguien está produciendo un relato y a la vez es difícil que tomen conciencia de eso. Algo parecido sucede en De mal en peor, de Ricardo Bartis, donde todo el tiempo alguien está haciendo algo pero no para generar conflicto o relato, sino para generar actuación. Pero porque además esa actuación representa valores que contienen algo muy emocional.

¿Por ejemplo?
Tomemos el caso de las adicciones. La gente se esconde para consumir lo que sea, aunque esté solo. Como si de esa manera él mismo no se viera. Y el valor que, creo, está detrás es que “yo no soy eso” sino que actúo momentáneamente haciendo eso. Y por otro lado, de esa manera estoy aceptando que eso está mal para mí, porque lo oculto. Esa cosa de disimular constantemente –que es muy nuestra, muy argentina– genera un comportamiento a gran escala. En términos de actuación lo que me resulta interesante son las fugas de eso. Por ejemplo, cómo alguien de clase media bienpensante se puede conmover ante el trabajo de un basurero en la calle, por ejemplo, pero no está en su mira cambiar los roles.

¿Y cuál era la pregunta teatral, entonces?
Y… cómo hacer para que se note que el espectador está mirando a alguien que ya está mirado.

¿Encontraste la respuesta?
No, y tampoco sé si me interesaba encontrarla. Siempre parto de una idea previa y de ahí queda lo que queda. Tengo sí, una obsesión con el tema de la mirada en casi todas mis obras: los personajes se sienten observados o tratan de cumplir con algún tipo de representación.

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